GENERAL DIETL
A la hora de escoger el nombre de un general alemán para 'Nuestros Héroes', el problema que se presenta es el de la selección. Muchos nombres pugnan por ser
los primeros, pero dos especialmente han sido los que más nos han impresionado: Los generales Dietl y Ramcke. Ninguno de los dos tuvo una heroica muerte en combate, pero su singular personalidad nos obliga a destacarlos de los demás.
Nos hemos inclinado por Dietl quizás porque es un general de las tropas de montaña y, no podemos ocultarlo, su carácter de soldado y montañero nos atrae especialmente.
Eduardo Dietl era un caso singular. Nació el 21 de Julio de 1890 y en la misma
fecha cinco años más tarde, recibió su primer juguete bélico. El fusil de madera que le regalaron lo rompió rápidamente en el casco que llevaba su hermano increpándole a su madre: "Ya te había dicho que era una porquería". Su primer intento de entrar en el Ejército no tuyo éxito y solo el azar se lo permitió en un segundo examen. Los instructores no creían que pudiese ser un buen soldado. Rápidamente se convirtió en uno de los mejores oficiales de montaña. En la guerra del 14 fue gravemente herido, precisamente el mismo día en que sus dos hermanos morían en otros frentes. Pese a los deseos de su madre, continuó en el Ejército. Después de
la guerra, en una época difícil en la que no había servicio militar obligatorio, muchas veces los mejores escaladores y esquiadores no querían saber nada de la milicia, por ello Dietl los
cazaba en las competiciones de esquí "Guapo, tienes que venir a mi regimiento", le increpó Dietl al vencedor de una prueba. ¿A tu regimiento? ¿Quién eres?" Le preguntó el sorprendido joven. ''Soy Dietl'', le contestó el general.
¿El Dietl de los alpinos?" contestó el campeón. ''Si, ese soy''. El muchacho dudaba.-"No se... Yo soy sastre...". '¡Qué sastre! -gritó Dietl Dios sacramentado! ¡Tu eres un Gebirsjáger -Cazador de montaña!' y lo "fichó".
El lema de Dietl era famoso en toda la Wehrmacht. " Nada de esquemas''. Siempre quería rehuir
los planes estructurados. Tenia que actuar siempre según las circunstancias. Pero este lema famoso nació un día inolvidable para Dietl. Había dado la orden a la
Banda de música de su batallón de iniciar la marcha en el desfile que se estaba celebrando, pero el oficial que mandaba el batallón no lo oyó, así que empezó el desfile con la banda y detrás totalmente solo Dietl marchando orgulloso y creyendo que la algarabía del público era en honor de sus soldados. Llegado a la altura del general que presidía el desfilo vio de reojo que marchaba sólo,
sin inmutarse se presentó delante del general, y le dijo: "¡Nada de esquemas, mi General''.
Su carácter franco y abierto le hacia popular. En una ocasión en una fiesta se
coló en el palco donde estaba la orquesta luego descendió en rappel gritando "Nada de esquemas". Otro día tenia que pronunciar como Jefe del Regimiento una alocución. De un salto se plantó sobre lo que creía que era una mesa pero que en realidad eran dos. Al poner un pié encima de ellas, éstas se cerraron hacia adentro y el general desapareció en su interior Desde el fondo se oyó su voz gritando
¡Peligro, grieta en el glaciar!.
Dietl siempre marchaba con su mochila a todas partes y exigía de todos aguantar grandes marchas con ella, hasta que
un dia se la llenaron de ladrillos." ¡Como pesa esta mochila", iba diciendo, hasta que al descubrir el motivó empezó a bombardear a sus compañeros con ladrillos "Cuando al final nada sirve para movernos, cuando ninguna orden nos impone entonces pura y simplemente lo puede lograr el humor. El humor es capaz de
batir a la muerte'', esas palabras eran de Dietl .
Entusiasmado con sus soldados austríacos decía: Los que aseguran que los austriacos son muy sentimentales y que esto era malo para un soldado son unos imbéciles. Cuanto más sentimiento tenga una tropa mejor defenderá su causa".
Pero lo que hizo especialmente famoso a Dietl fue su heroica resistencia en Narvik. En toda Europa su
gesta fue conocida como "El Alcázar del Norte" y no faltaban motivos. La primera dura prueba para los alpinos fue la larga travesía en barco. Cuando el comandante del navío envió a un oficial para ver como estaban esos bravos soldados, obtuvo una curiosa respuesta: "Carne humana en su jugo, mi
Comandante", sin embargo Dietl no se mareó en ningún momento. Su decisión fue la clave del éxito. Apenas desembarcado se dirigió hacia la Comandancia Noruega en el automóvil del consul alemán. No llevaba a nadie con él y al percatarse
de ello sus ayudantes, echaron mano de una ametralladora pesada e intentaron seguirle. Dietl se habla ido y no les quedó mas remedió que coger un taxi e indicarle a conductor que siguiese al General. Ésa fue la única arma que le protegió en tan
critico momento.
Durante toda la estancia en Narvik se halla permanentemente andando, esquiando. viajando de un lugar a otro en solitario. En una ocasión mientras camina por la vía, un vehículo que viene por detrás le dice: "¡Eh, idiota, sal de la via" y la sorpresa fue mayúscula cuando ven que el idiota es su general. Lo mismo ocurre cuando un centinela tirolés le hace gritar la contraseña. Dietl no se
acuerda, el centinela repite la pregunta y se apresta a disparar. Entonces Dietl la suelta una larga y estridente cadena de tacos en tirolés y el centinela contesta: "¡Ah, es el señor general, pase!
Dietl viaja a todas las posiciones. El 8 de mayo el diario del coronel ayudante indica: "El general regresa después de 23 horas de marcha por el desierto de nieve y
hielo". Separados mas de 1.000 kilómetros de sus propias tropas los alpinos carecen de todo, no tienen artillería y apenas suman 1.750 hombres. Cuentan, por suerte, con 3.000 marineros salvados de los destructores que heroicamente resistieron hasta el final. A distancias cortisimas -se pueden distinguir los movimientos sobre cubierta- navegan los barcos ingleses tirando con su artillería sobre todo lo que se mueve. Tropas noruegas numerosas se hallan en todo el sector y fuerzas alpinas de Elite francesas desembarcan. Parece imposible resistir. Toda la ayuda que puede llegarles viene a través del aire. Fuerzas paracaidistas se unen a los combatientes pero en numero insuficiente incluso para cubrir las bajas. Hitler autoriza a Dietl: a retirarse e incluso salvar a los soldados vía Suecia -país neutral-, pero Dietl está resuelto a resistir contra todo pronóstico. 'Jamás retrocederá un paso y si nos expulsan de una posición, hallaremos otra mejor. Faltan tiendas, sacos, comida, medicamentos...
Las provisiones llegan con cuentagotas. El 20 de mayo, bajo un intenso fuego enemigo, aterriza un hidroavión con 2
tenientes, 12 hombres y una sacerdote católico solicitado por las tropas austriacas de esa religión. Otro día reciben desde el aire 200 tubos de pegamento. El pedido de cera para esquíes se ha confundido con una marca de pegamento. Los refuerzos llegan escasos pero la hermandad de armas es impresionante. Los nuevos marinos de montaña'' han aprendido precariamente a esquiar y son ya elementos
valiosos en la lucha.
El continuo vivac de las unidades, el frió intenso, el sol de medianoche que al suprimir la oscuridad dificultaba aún más los movimientos en muchos puntos a la vista de la artillería naval inglesa e infinidad de dificultades secundarias, convertían la resistencia en una hazaña, por ello fue más de lamentar la muerte de unos paracaidistas abatidos por artillería antiaérea sueca por violación de espacio aéreo, lo cual era fácil que ocurriera dada la situación geográfica. Pero incluso ése accidente tuvo la virtud de unir más a las tropas. Mientras el avión caía incendiado, algunos paracaidistas pudieron saltar. El último encontró su paracaídas incendiado y rápidamente el sargento ayudante Hasse se quitó el suyo y se lo dio al camarada, muriendo él con el avión. Estos actos de heroísmo servían para fortalecer el espíritu de lucha.
Al final la Wehrmacht se resolvió a enviar socorro por tierra a las topas de Narvik. Unidades selectas se abrieron paso por ventisqueros y escarpadas montañas, por campos de hielo infranqueables y sin caminos, por zonas que el Alto Comando británico había estimado intransitables incluso para pequeñas unidades. Cuando las fuerzas que tan penosamente avanzaban estaban ya cerca de Narvik, los aliados abandonaron la cuidad. Toda Alemania estaba contenta de ello, sólo ese reducido grupo de soldados lo lamentaba El Teniente Coronel von Hengl, al mando de la tropa que tan dificultosamente había avanzado, envió al general Dietl el más insólito telegrama de la guerra mundial: 'Con
tapa inodoro en mano ensuciamos pantalón", poniendo de manifiesto lo cerca que habían estado de su objetivo.
Dietl venció y pudo cumplir su norma básica: "Tengo un sólo anhelo, una única aspiración mostrarme digno de mis soldados". El General Moscardó le envió un sable toledano, en el Reichstag le fueron concedidas las Hojas de Roble para su Cruz de Caballero. Fue el primer general en recibirlas. A partir de aquel momento, empero, apenas estuvo en combate. Fue nombrado Jefe del 20 Ejército de Montaña en el extremo norte. Con fuerzas muy reducidas no pudo empeñarse apenas contra la superioridad rusa en ese sector, pero jamás abandonó las líneas adelantadas. Incluso con el brazo en cabestrillo seguía de un lado a otro. En una ocasión visitando una compañía de convalecientes vio a un joven mozo con excelente aspecto. 'Vd. parece vender salud
-le dijo el General- ¿por qué no está en el frente?" El soldado contestó diciendo que tenía luxación de hombro y todavía no estaba dado de alta. Dietl replicó: 'Así Vd. es mi colega'. "En cuanto al brazo ,si dijo el soldado. "La única, diferencia-contesta Dietl- es que yo debo prestar servicio y tu no". "Así es mi general -replicó el muchacho-. Sin mi todo anda, si, Vd. no".
Esta gran familiaridad con lo soldados y la gran satisfacción que le causaba a
Dietl oír a sus paisanos hizo que prohibiera expresamente cualquier observación
o crítica a los soldados que se expresasen en sus dialectos. Como todos los hombres
de la. montaña, Dietl. Tomaba los decisiones con calma y le molestaban las prisas innecesarias así como los que utilizaban abreviaturas para ahorrar un tiempo que no les faltaba. De ahí la siguiente conversación por radio. Dietl llama y contestan:
'Aquí S. de S''. "S. de S?" -responde Dietl-. "SI, S. de S. ¿Quién llama?'. "G.C." -contesta el general-. ¿Qué significa G.C.?" le responden. ''¿Qué significa S. de S.". Pues Suboficial de Servicio, pero... ¿Qué significa G.C.''. Pues general comandante', lo último que perdía Dietl era el humor.
Su muerte estuvo rodeada de tristeza. El bravo soldado siempre en primera línea fallecería en un absurdo accidente de avión. El 23 de junio de 1944 volviendo a su unidad en Laponia después de una estancia en su casa, acompañado de tres generales, tuvo un accidente al poco tiempo de partir. Al recibir la noticia de su muerte y respondiendo a las preguntas de sus hijos, su esposa contestó:
"Ahora papá ya no volverá; pero quizás ha debido ser así". Después de la guerra la señora Gerda Luisa Dietl recordaba lo acertado de esta frase: "Nadie puede imaginarse como este hijo predilecto del mundo libre de la montaña hubiera soportado el derrumbe de Alemania y quizás una larga detención en Oscuros presidios'.
Alemania perdió a uno de sus mejores hombres. Durante una semana fue ocultada la noticia que podía afectar desfavorablemente la actitud de Finlandia debido a la confianza y seguridad que tenían todos al contar con el apoyo de Dietl. Después le fueron rendidos honores militares y el propio Hitler presidió el funeral. El héroe de Narvik había caído y Hitler a partir de ese momento ordenó a los altos mandos del Ejército que utilizasen el avión sólo cuando fuera absolutamente necesario.
ARTICULO EXTRAIDO REVISTA CEDADE Nº134